Reflexiones

Recordar: un verbo, muchas formas

Redacción Orbe 02 Sep, 2025
Recordar: un verbo, muchas formas

La memoria no se conjuga igual en todas las latitudes. Mientras la norma académica impone el uso directo, la oralidad centroamericana defiende el "recordarse de", demostrando que el idioma es un organismo vivo que ignora las fronteras rígidas de la gramática.


En la arquitectura delicada de la lengua española, los verbos transitan a menudo por senderos en apariencia paralelos, pero guardan en sus recodos matices que trascienden la corrección gramatical y rozan lo cultural. El verbo “recordar” es uno de esos viajeros incansables, tan cercano en nuestra vida cotidiana como enrevesado en sus formas regionales. En España y muchas otras zonas hispanohablantes, decir “recordar algo” no solo es la opción natural, sino que responde a una lógica sintáctica cultivada durante siglos. Sin embargo, más allá de las fronteras de la península, en determinados territorios centroamericanos, la lengua respira de otro modo, y así surge con naturalidad la expresión “recordarse de algo”.
No es casual que este verbo —que el Diccionario de la lengua española define, en su sentido más habitual, como traer a la memoria algo ya conocido o sabido— sirva para señalar los intrincados caminos de la evocación. Tradicionalmente, se emplea como transitivo: “Recuerdo el perfume de los naranjos” o “¿Recuerdas aquella tarde de lluvia?”. En estas formas, no hay preposición que medie entre la acción y el recuerdo. Pero las palabras mutan como el agua en un vaso distinto y en países como Guatemala, El Salvador y Honduras, la memoria adopta una estructura pronominal. Decir “me recuerdo de mi infancia” es una variante legítima en el registro coloquial de comunidades donde la lengua viva dialoga con su entorno y se deja impregnar por la historia de sus hablantes.
La Real Academia Española y la Fundación del Español Urgente tienden a recomendar la forma transitiva sin preposición como la opción predominante y neutral. Sin embargo, su labor no es castigar la creatividad verbal, sino registrar los caminos múltiples que recorre nuestro idioma. El fenómeno no es ajeno a otros verbos cercanos; por ejemplo, “acordarse de algo” emplea de modo normativo la preposición “de”. Así, mientras uno va directo al objeto, el otro se presenta como reflejo, convirtiendo a ambos en compañeros de ruta que cargan su propia valija de normas subyacentes. Resulta fascinante observar cómo estos matices estructuran la forma en que la memoria se narra en las distintas geografías del español.
En el habla popular de América Central, las construcciones pronominales de “recordar” gozan de plena vitalidad y viajan con los migrantes como tesoros domésticos hacia las grandes urbes de Estados Unidos. Para quienes ven la lengua como un cuerpo rígido, estas variantes pueden resultar equívocas, pero son en realidad rastros visibles de la flexibilidad y la riqueza de un idioma que no solo se adapta, sino que sobrevive porque cambia. Que la norma reconozca hoy la variante regional “recordarse de algo” refleja una mayor atención a la diversidad en los estudios lingüísticos actuales. En última instancia, entre la disciplina gramatical y la exuberancia de la oralidad, este verbo sigue siendo el pulso de nuestra historia, revelando tanto de nosotros como del tiempo y el lugar en que vivimos.